jueves, 19 de marzo de 2026

DÍAS DE GLORIA

 DÍAS DE GLORIA

Conchita no pegaba ojo de la emoción. Haber sido escogida como fallera de corte para la comisión del barrio donde vivía desde hacía sólo un año era un honor inesperado. Ella, una malagueñita de diecisiete años, había sido enviada a Dénia por sus padres para servir de compañía a una tía carnal, viuda reciente. Corría el año 1949, aún grisáceo el ambiente por la postguerra, pero en ese pueblo marinero, de los pocos alicantinos donde las fallas son una de las fiestas más populares, habían decidido retomarlas organizando una Plantá de la Penya del Tío Pep en la Glorieta. Conchita, fascinada por el colorido de los trajes y la alegría como de pajarillos de las falleras, soñaba con ser una de aquellas muchachas, aunque creía que era un deseo imposible.

Nunca hay que dar nada por hecho ni por perdido. El difunto marido de su tía fue un conocido representante de telas, apreciado por todo el comercio de la ciudad. Sin nacer en la Terreta, arraigó allí. En atención a esto, Conchita fue invitada a formar parte de la corte. Ese reconocimiento era tan grande que su tía aplazó el luto y dio su consentimiento más que orgullosa. Ella misma le hizo el corpiño de raso negro y mangas largas con un retal de los muchos que conservaba por el oficio de su marido. La falda también salió de allí, un vistoso estampado florido sobre un cancán bien almidonado. La mantilla, manteleta y aderezos fueron alquilados o prestados. Eran tiempos de apañarse con pocos recursos y mucha idea. En la foto oficial aparece preciosa, con la banda de su falla y un anillo de plata formado por dos naranjas, regalo de su tía. Ese mes de marzo Conchita fue dichosa, sin importarle dormir con la cabeza entre almohadones para conservar el peinado de tres moños. Junto a las demás chiquetas de la Comisión, volaban de una falla a otra recibiendo piropos, regalos y convites de buñuelos y aceitunas. Acostumbradas a las restricciones esas golosinas sabían a gloria.

Conchita volvió a Málaga e hizo su vida tal como correspondía a una muchacha de entonces. Siempre recordaría los tres años vividos en Dénia soñando con volver, cosa que no hizo. Y casi mejor así, pues lo añorado era esa pequeña libertad, las amigas, aquel pretendiente diez años mayor, rechazado por ser demasiado obsequioso (a las jovencitas les gustan los malotes, se casan con ellos y lo pagan caro). Creo que Conchita fantaseó hasta el día de su muerte con ese amor. Por eso en su último sueño tenía esa sonrisa dulce en los labios, como si acabara de tomarse un buñuelo mojado en chocolate, con sumo cuidado para no mancharse la manteleta.

Dela W


 

 





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jueves, 19 de febrero de 2026

ESCRIBIENTE CON GATO BLANCO

 ESCRIBIENTE CON GATO BLANCO

Imaginaos que viajamos con una máquina del tiempo hasta en el siglo IX y aterrizamos en un monasterio, quizás irlandés. Cae la tarde y es poca ya la claridad de entra por los amplios ventanales del scriptorium. Uno de los monjes enciende una vela para ayudarse a terminar una traducción del latín que se le está haciendo dificultosa. Lleva muchas horas inclinado, el pergamino antiquísimo, raído, a su izquierda, el tintero al lado contrario y en medio, ante sus ojos, el manuscrito donde va dibujando las letras de la traducción. Su oficio es delicado, pues no se limita a pasar los vocablos de una lengua a otra. Debe darle a cada palabra la acepción y el tono justo que en su día les otorgó su autor. Por eso cuando encuentra el adjetivo o el verbo exacto se alegra enormemente y acaricia contento la barriga de su gato blanco que dormita sobre la mesa. El monje, que además de escribiente es poeta, cae entonces en la cuenta de que la felicidad que experimenta al cazar palabras es la misma demostrada por su gato cuando caza un ratón ¡cuán necesario es el felino para que los roedores no destruyan el conocimiento acumulado durante siglos!

El escribiente poeta sigue rascando la barriga de su gato, que se llama Pangur Bán (gato blanco en gaélico antiguo) y con la otra mano improvisa un poema para él.  Lo escribe en los márgenes de un manuscrito latino, conservado hoy en la Abadía de San Pablo en Lavanttal (Austria). Lo titula Pangur Bán y consta de ocho estrofas de cuatro líneas. A mi entender no es “solo un poema” sino la prueba evidente de que el binomio gato/escritor fue un pacto sellado hace siglos porque la compañía de un gato acrecienta el ingenio, la fantasía y a la vez, transmite una hermosa calma que abre a la creatividad. Aquí dejo una traducción, abreviada, en español. No se me ocurre nada mejor que recordar esta historia hoy, 20 de febrero, uno de los cuatro días del año que los ailurofilos (adoradores de felinos) dedicamos a nuestros dioses 🐈‍⬛💜

             Pangur Bàn

Solemos yo y Pangur Bán, mi gato,

en lo mismo los dos pasar el rato:

cazar ratones es su diversión,

cazar más bien palabras mi pasión.

 

Es preferible a todo aplauso humano

sentarse con papel y pluma en mano;

y Pangur no me mira con rencor,

siendo él también cazador.

 

Frecuentemente, un ratoncillo errante

cruza el camino de mi gato andante;

alguna idea más, frecuentemente,

coge en sus redes mi afilada mente.

 

Vigila el muro con sus ojos vivos,

redondos, maliciosos, agresivos;

escudriñando el muro del saber,

mi poca comprensión busco entender.

 

Día a día, a Pangur su ejercicio

lo ha hecho ya perfecto en su oficio;

yo noche y día alcanzo más verdad,

trocando en clara luz la oscuridad.


 

 


martes, 30 de diciembre de 2025

RENOVACIÓN DE LA VIDA

 RENOVACIÓN DE LA VIDA

 

Nochevieja de 1999. Faltan cinco minutos para que den las doce y llegue el año 2000, con ese supuesto efecto terrible que paralizará al mundo. Una madre se asoma a la cuna de su bebé para ver si el ruido de la celebración lo ha despertado, pero el niño duerme como solo lo hacen los inocentes, quizás un Ángel de la Guarda protege sus oídos tapándolos con las alas. La madre pone su dedo sobre la pequeña mano y esta, por instinto, lo aferra, aunque el crio sigue dormido. Se hace un momento de silencio, ese minuto que hermana a la muerte de un año con el nacimiento de otro y madre e hijo atraviesan el paso de un siglo, de un milenio, tomados de la mano. Un salto enorme sin salir de aquel cuarto pintado de azul.

Nochevieja de 2025. Ese bebé se ha hecho adulto y ha sido padre. Esa noche cruzará por primera vez el umbral del tiempo junto a su hijo. Nadie sabe cómo será el futuro de ese niño, lo único cierto es que sus padres nunca le soltaran la mano, ayudando a esos pies pequeños a cruzar cualquier umbral.

Este año que cierra el primer cuarto del siglo XXI me ha robado a dos seres queridos, pero también me ha hecho el más hermoso de los regalos, pues ha escrito con tinta indeleble en mi corazón la palabra ABUELA. He pasado cada uno de sus meses tachando semanas hasta llegar a octubre cuando el otoño trajo a mi primer nieto, amado ya desde el instante en que supe que había de nacer ¡cuánto recé, a mi manera agnóstica, para que llegara el parto! Apuró hasta el último día de la última semana, tal vez porque intuía el mundo convulso de aquí fuera. El dios de Spinoza debió oírme pues su madre, casi rompiéndose, logró alumbrarlo y él llegó sano y precioso, buscando anhelante el pecho donde mamar.

Bienvenido a la vida, nieto mío.

Dela W




sábado, 12 de julio de 2025

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

 DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS 


“Nací con los ojos chiquitos y una boca minúscula que se negó pronto a hablar. Mis padres se avergonzaban de mí, sobre todo al compararme con sus otros hijos, todos ángeles de mirada celeste y divinas palabras. Con el tiempo aquellos querubines, hermanos míos solo de sangre, fueron envejeciendo, se encapotaron sus párpados y se les pudrió el aliento mientras mis ojos y mi boca se engrandecían volviendose inmensos, al igual que el coraje de no adular a nadie ni comulgar con despojos para lograr la aprobación de los mensos. Tengo ordenada la cocina al milímetro a la par que mis adentros, que el diablo me lleve si un día me muerdo la lengua, me saco los ojos y dejo de significarme en mis luchas tal como hasta ahora he hecho”

*Fragmento de “Trozos”

Dela W





domingo, 22 de junio de 2025

ROMANCILLO ESTIVAL

  

Romancillo estival

 

Corre ya, niña,

 hazte las trenzas,

recógete el cabello

para estar fresca.

Viene el verano

con lanza fiera,

aguijoneando campos,

colinas y praderas,

pero a la noche, niña,

suéltate el pelo

para que cubra

mi cuerpo entero.

No tengas miedo,

que a la mañana

yo tejeré tus trenzas

tal como estaban.

 

Dela W

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sábado, 21 de junio de 2025

REGRESIÓN

 Abro un maletín verde oliva, quizá de piel, y al instante se cuela en mi nariz un olor a laurel seco. Levanto el papel de seda que cubre como una colcha las prendas dormidas desde hace casi un siglo: baberos, camisitas, faldones azules y rosas pecosos de tiempo pero aún tiesos de almidón, bordados con flores y animales cándidos como de otro mundo parejo a este, me susurran “Dela ¿has cruzado el espejo?” No es el Conejo Blanco quien habla, sino una gata estrábica de hocico rojo vestida con un camisón de mangas tan largas que esconden sus patitas. “Voy a ello” -le respondo- Y cerrando de nuevo el maletín avanzo un pie para entrar en el azogue.



viernes, 20 de junio de 2025

NURI

 La gata Nuri, ocho años con nosotros, debe andar cerca de los diez. Chiquita, pizpireta y parlanchina. Es feliz jugando con una pelotilla de papel o con cualquier hojita que se encuentre por el suelo. Duerme la siesta en el sofá y de noche en su cuna, junto a nuestra cama. Por las tardes le gusta acechar a un  fantasma que también vive en casa. Cuando lo atrapa lo pone a mis pies. Yo le doy un baño, lo tiendo, lo plancho y lo suelto de nuevo, no vayan las visitas a criticarme por tener al fantasma percudido.

Dela Uvedoble 


DÍAS DE GLORIA

  DÍAS DE GLORIA Conchita no pegaba ojo de la emoción. Haber sido escogida como fallera de corte para la comisión del barrio donde vivía de...