jueves, 19 de febrero de 2026

ESCRIBIENTE CON GATO BLANCO

 ESCRIBIENTE CON GATO BLANCO

Imaginaos que viajamos con una máquina del tiempo hasta en el siglo IX y aterrizamos en un monasterio, quizás irlandés. Cae la tarde y es poca ya la claridad de entra por los amplios ventanales del scriptorium. Uno de los monjes enciende una vela para ayudarse a terminar una traducción del latín que se le está haciendo dificultosa. Lleva muchas horas inclinado, el pergamino antiquísimo, raído, a su izquierda, el tintero al lado contrario y en medio, ante sus ojos, el manuscrito donde va dibujando las letras de la traducción. Su oficio es delicado, pues no se limita a pasar los vocablos de una lengua a otra. Debe darle a cada palabra la acepción y el tono justo que en su día les otorgó su autor. Por eso cuando encuentra el adjetivo o el verbo exacto se alegra enormemente y acaricia contento la barriga de su gato blanco que dormita sobre la mesa. El monje, que además de escribiente es poeta, cae entonces en la cuenta de que la felicidad que experimenta al cazar palabras es la misma demostrada por su gato cuando caza un ratón ¡cuán necesario es el felino para que los roedores no destruyan el conocimiento acumulado durante siglos!

El escribiente poeta sigue rascando la barriga de su gato, que se llama Pangur Bán (gato blanco en gaélico antiguo) y con la otra mano improvisa un poema para él.  Lo escribe en los márgenes de un manuscrito latino, conservado hoy en la Abadía de San Pablo en Lavanttal (Austria). Lo titula Pangur Bán y consta de ocho estrofas de cuatro líneas. A mi entender no es “solo un poema” sino la prueba evidente de que el binomio gato/escritor fue un pacto sellado hace siglos porque la compañía de un gato acrecienta el ingenio, la fantasía y a la vez, transmite una hermosa calma que abre a la creatividad. Aquí dejo una traducción, abreviada, en español. No se me ocurre nada mejor que recordar esta historia hoy, 20 de febrero, uno de los cuatro días del año que los ailurofilos (adoradores de felinos) dedicamos a nuestros dioses 🐈‍⬛💜

             Pangur Bàn

Solemos yo y Pangur Bán, mi gato,

en lo mismo los dos pasar el rato:

cazar ratones es su diversión,

cazar más bien palabras mi pasión.

 

Es preferible a todo aplauso humano

sentarse con papel y pluma en mano;

y Pangur no me mira con rencor,

siendo él también cazador.

 

Frecuentemente, un ratoncillo errante

cruza el camino de mi gato andante;

alguna idea más, frecuentemente,

coge en sus redes mi afilada mente.

 

Vigila el muro con sus ojos vivos,

redondos, maliciosos, agresivos;

escudriñando el muro del saber,

mi poca comprensión busco entender.

 

Día a día, a Pangur su ejercicio

lo ha hecho ya perfecto en su oficio;

yo noche y día alcanzo más verdad,

trocando en clara luz la oscuridad.


 

 


martes, 30 de diciembre de 2025

RENOVACIÓN DE LA VIDA

 RENOVACIÓN DE LA VIDA

 

Nochevieja de 1999. Faltan cinco minutos para que den las doce y llegue el año 2000, con ese supuesto efecto terrible que paralizará al mundo. Una madre se asoma a la cuna de su bebé para ver si el ruido de la celebración lo ha despertado, pero el niño duerme como solo lo hacen los inocentes, quizás un Ángel de la Guarda protege sus oídos tapándolos con las alas. La madre pone su dedo sobre la pequeña mano y esta, por instinto, lo aferra, aunque el crio sigue dormido. Se hace un momento de silencio, ese minuto que hermana a la muerte de un año con el nacimiento de otro y madre e hijo atraviesan el paso de un siglo, de un milenio, tomados de la mano. Un salto enorme sin salir de aquel cuarto pintado de azul.

Nochevieja de 2025. Ese bebé se ha hecho adulto y ha sido padre. Esa noche cruzará por primera vez el umbral del tiempo junto a su hijo. Nadie sabe cómo será el futuro de ese niño, lo único cierto es que sus padres nunca le soltaran la mano, ayudando a esos pies pequeños a cruzar cualquier umbral.

Este año que cierra el primer cuarto del siglo XXI me ha robado a dos seres queridos, pero también me ha hecho el más hermoso de los regalos, pues ha escrito con tinta indeleble en mi corazón la palabra ABUELA. He pasado cada uno de sus meses tachando semanas hasta llegar a octubre cuando el otoño trajo a mi primer nieto, amado ya desde el instante en que supe que había de nacer ¡cuánto recé, a mi manera agnóstica, para que llegara el parto! Apuró hasta el último día de la última semana, tal vez porque intuía el mundo convulso de aquí fuera. El dios de Spinoza debió oírme pues su madre, casi rompiéndose, logró alumbrarlo y él llegó sano y precioso, buscando anhelante el pecho donde mamar.

Bienvenido a la vida, nieto mío.

Dela W




sábado, 12 de julio de 2025

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

 DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS 


“Nací con los ojos chiquitos y una boca minúscula que se negó pronto a hablar. Mis padres se avergonzaban de mí, sobre todo al compararme con sus otros hijos, todos ángeles de mirada celeste y divinas palabras. Con el tiempo aquellos querubines, hermanos míos solo de sangre, fueron envejeciendo, se encapotaron sus párpados y se les pudrió el aliento mientras mis ojos y mi boca se engrandecían volviendose inmensos, al igual que el coraje de no adular a nadie ni comulgar con despojos para lograr la aprobación de los mensos. Tengo ordenada la cocina al milímetro a la par que mis adentros, que el diablo me lleve si un día me muerdo la lengua, me saco los ojos y dejo de significarme en mis luchas tal como hasta ahora he hecho”

*Fragmento de “Trozos”

Dela W





domingo, 22 de junio de 2025

ROMANCILLO ESTIVAL

  

Romancillo estival

 

Corre ya, niña,

 hazte las trenzas,

recógete el cabello

para estar fresca.

Viene el verano

con lanza fiera,

aguijoneando campos,

colinas y praderas,

pero a la noche, niña,

suéltate el pelo

para que cubra

mi cuerpo entero.

No tengas miedo,

que a la mañana

yo tejeré tus trenzas

tal como estaban.

 

Dela W

.



sábado, 21 de junio de 2025

REGRESIÓN

 Abro un maletín verde oliva, quizá de piel, y al instante se cuela en mi nariz un olor a laurel seco. Levanto el papel de seda que cubre como una colcha las prendas dormidas desde hace casi un siglo: baberos, camisitas, faldones azules y rosas pecosos de tiempo pero aún tiesos de almidón, bordados con flores y animales cándidos como de otro mundo parejo a este, me susurran “Dela ¿has cruzado el espejo?” No es el Conejo Blanco quien habla, sino una gata estrábica de hocico rojo vestida con un camisón de mangas tan largas que esconden sus patitas. “Voy a ello” -le respondo- Y cerrando de nuevo el maletín avanzo un pie para entrar en el azogue.



viernes, 20 de junio de 2025

NURI

 La gata Nuri, ocho años con nosotros, debe andar cerca de los diez. Chiquita, pizpireta y parlanchina. Es feliz jugando con una pelotilla de papel o con cualquier hojita que se encuentre por el suelo. Duerme la siesta en el sofá y de noche en su cuna, junto a nuestra cama. Por las tardes le gusta acechar a un  fantasma que también vive en casa. Cuando lo atrapa lo pone a mis pies. Yo le doy un baño, lo tiendo, lo plancho y lo suelto de nuevo, no vayan las visitas a criticarme por tener al fantasma percudido.

Dela Uvedoble 


sábado, 8 de marzo de 2025

HILVÁN LARGO

 HILVÁN LARGO

 

Al alzar las manos para ensartar la aguja al trasluz de un rayo de sol, a Teresa se le desvía la mirada hacia el resplandor del papel de orillo que figura el río de su humilde belén. Casi han acabado las fiestas, se pisa ya un nuevo año, pero aún queda el día de Reyes, la más emocionante, sin embargo, desde que nació su niña, la teme porque no puede dejar junto a sus zapatitos un juguete. Este año le ha bordado un pañuelo blanco con tanto primor que parece espuma y le dirá, para conformarla, que ya es una niña muy grande, cerca de cumplir los siete y hacer la comunión.

 

Teresa está metida en sus veinticinco, es modista y todo el mundo la cree viuda. La verdad es que fue madre siendo soltera, por esto hubo de abandonar su pueblo dónde hasta las piedras estaban al tanto de su bochornosa condición. Curiosamente para quien le hizo la criatura nadie tuvo reproche ¿qué culpa tenía el señorito de ser tan guapo? Él no pagaba los virgos, pero si salía barriga entregaba unos duros al bastardo. Teresa los tomó porque la situación no estaba para dignidades, aunque rogando a la Santísima Virgen, que también es madre, cobrara al charrán sus canalladas.

Harta de pasar vergüenza sin culpa, tomó a su niña, marchando hasta otra capital donde nadie la conocía, y santificó el dinero comprando una máquina de coser de segunda mano. Alquilaron sala y alcoba en un bajo con ventana a la calle y no fue perezosa para colgar en la reja un cartel que rezaba:

MODISTA ECONÓMICA Y FORMAL

Fue comprobar las comadres su buen oficio y hacerse de clientela. Hoy, su fama de habilidosa llega hasta el centro y son muchas las señoras que quieren relumbrar a poco coste. Le llevan el figurín y ella confecciona cualquier modelo por difícil que sea, incluso de novia, A pesar de esto, solo saca para ir tirando.

Teresa descose el forro de un abrigo deslucido para darle la vuelta y, ejerciendo su magia, convertirlo en nuevo. La mata el que su hija esté ilusionada con que los Reyes van a traerle una muñeca “de verdad” pues la pobre siempre las ha tenido de trapo. De momento le es imposible comprar ni una de cartón. Se consuela diciéndose que la vida es un hilván largo y algún día mejorará su suerte. La sacan de esos pensamientos amargos unos toques en la puerta.

Adelante, dice. Quien entra es una marchanta cargada con dos paquetes:

               —-¡Buenas! te traigo el retal para la blusa y esto, a ver si te hace avío.

Desenvuelve Teresa el bulto y aparece una Mariquita Pérez, la muñeca soñada por todas las niñas. Asombrada, mira a la dadivosa con cara de lela.

                 —Fíjate que le faltan las piernas hasta las rodillas. La pava de mi hija la dejó caer sobre el brasero. Ya no la quiere, le dan susto los muñones negros. Su padre le va a comprar otra, claro.

                  —Claro -dice Teresa llena de pasmo, conocedora del dineral que cuesta.

                 —Seguro que tu chiquilla no es tan remilgá.

                 —No, ¡pobre mía!, gracias, señora.

                —Ná, si eso me haces una rebajita en el corte, guapa.

 

Teresa idea ponerle unas medias llenas de serrín compactado, disimulando las juntas con los muñones mediante unos puchos de perlé y reforzadas por unas botitas de piel sacada de un monedero viejo. También sanea el vestido añadiéndole un volante.

 

Amanece el seis de enero más feliz para la chiquilla de Teresa, que abraza a la muñeca sin importarle sus piernas fláccidas.

          —¿De dónde habrá sacáo la modista pal dispendio? -preguntan las vecindonas.

             —Dicen que una clienta se la ha dáo por estar rota.

             —¡Ofú que suerte tiene! -comenta otra con retintín.

 

Juega la niña sentada en el escaloncillo de su casa cuando se acercan las hijas de las vecinas: mírala, presumiendo con las sobras de los ricos, e intentan levantar las faldas de la muñeca a pesar de que su dueña la esconde tras de sí.

             —¡Quietas parás -grita una voz zangolotina- que os arreo con la muleta!

Las niñas salen corriendo, burlándose: “¡toma del frasco, el Cojo defendiendo a la huérfana!”

El chavea avanza hacia ella renqueando, trabado por los hierros que aprisionan sus piernas.

                —No les hagas caso. Tu muñeca es como yo, que le habrá dáo la polio.

               —Mi mamá dice que me la han traído porque saben que la cuidaré bien.

   —Tu madre lleva razón.

La niña le pregunta si le pinchan los alambres y el mozuelo, tanteando el andamiaje, se quita importancia: no, ya estoy acostumbráo.

Teresa, que ha estado escuchando, primero con rabia y luego con desgarro, se hace ver:  

             —Mira, mamá, este niño es como mi Mariquita, seguro que su madre será muy buena y por eso la cigüeña se lo ha traío a ella para que lo cuide. A las madres descuidás les dejan los rorros que no están rotos, ¿verdad?

             —Si, hija, así mismo es -con el dedo corazón, encallecido del roce con el dedal, deshace una lágrima de orgullo- ¿queréis merendar?

              —No señora, no le quiero hacer gasto -dice el muchacho, disimulando el sentimiento.

              —Hombre, no es que vayamos a reventar, pero para un hoyo con aceite y azúcar hay.

 

Sentados alrededor de la mesa camilla, al calorcillo del picón y entre risas, comulgan los tres con pan bendito esa tarde de Reyes.

 




ESCRIBIENTE CON GATO BLANCO

  ESCRIBIENTE CON GATO BLANCO Imaginaos que viajamos con una máquina del tiempo hasta en el siglo IX y aterrizamos en un monasterio, quizás...